-Hola Ian, que pronto has llegado.
Inma saludo al muchacho mientras Clara terminaba de bajar las escaleras. Al fin Clara se unió a la conversación.
-Hola, tú debes de ser Clara ¿verdad? Afirmo el muchacho sonriente.
-Sí, soy yo.
-Bueno ¿y si nos vamos ya? Dijo Inma con un poco de prisa.
Ian e Inma iban uno junto al otro hablando de sus cosas, Clara por su parte iba a unos centímetros de distancia, quería dejarlos hablar tranquilamente, cómo si ella no estuviera allí, querías dejarle su espacio.
Clara noto a Inma diferente, cuando hablaba con Ian se le notaba dulce, más dulce de lo normal, sus ojos tenían como una pequeña llama en su interior, se les iluminaban al mirarlo, al escucharlo. Cada vez que hablaba su voz parecía distinta, algo temblorosa, más suave, cómo una caricia. Nunca la había visto así, Inma solía buscar chicos, como se dice coloquialmente, dé usar y tirar, no le gustaban las relaciones serias, le tenía ''alergia'' al compromiso, incluso algo de miedo.
Para el parecer de Clara Inma podía llegar a sentir algo un poco más fuerte con este chico que con los demás, tenía algo que hacía que su amiga fuera diferente.
Se le veía un buen chico, algo diferente a los demás con los que había estado Inma, era algo más ''pijillo'' como solía decir su amiga.
Ya no solo en su aspecto, sino también en su manera de caminar, en la forma de hablar, entre otros aspectos.
Esa tarde llevaba unos vaqueros ceñidos bastante oscuros, con una camisa a cuadros roja, blanca y azul marino superpuesta con una camiseta blanca debajo.
A escasos metros encontraron al fin el cine .Ian guardo sitio en la cola mientras las chicas decidían la película que querían ver. Era un cine al que les encantaba ir, ya que las películas que ponían no eran las de estreno, si no las que los cines normales dejan de poner. Películas antiguas, algunas nuevas, tenían muchas para elegir. En la puerta, las chicas encontraron un pequeño catalogo con las películas que emitían hoy. Tenían que elegir una que les gustara a los tres. Hubo una que le llamo mucho la atención a Clara.
-¡Ya está!
-Ya está ¿el qué?-Pregunto Inma ante la extraña afirmación de su amiga.
-Esta película-Dijo señalando una entre las muchas que se encontraban en la lista- parece bonita,podemos verla y seguro que a Ian también le gusta.
-Me parece bien
Inma se acerco a Ian y bajo un susurro en la oreja de este le dijo el titulo de la película que escogieron.
-¿Que desea?-Dijo la mujer de la ventanilla.
-3 entradas para el ''Diario de Noa''.
Ian escogió los asientos y la mujer le dio las entradas.
Los tres jóvenes se acercaron al mostrador de las palomitas a comprar algo para entretener el estomago mientras veían la película.
Aun era temprano, tan solo las siete y cuarto de la tarde, todavía quedaban 15 minutos para el comienzo de la película. Aun con ese tiempo por delante decidieron pasar a la sala. Antes de entrar el acomodador revisó las entradas, las cortó y se las cedió al chico.
-Fila 7 asientos 13,14 y 15-Dijo Ian al entrar en la sala.
Comenzaron a subir las escaleras, Clara en primer lugar, ''1, 2,3,....'' iba contando mentalmente los peldaños.
''...7'' ¡aquí está!
Fueron pasando hacia el fondo, Clara se coloco en el asiento 15, Inma en el 14 e Ian en el 13.
Este repartió las entradas correspondientes a cada una.
Todavía quedaban unos 10 minutos para que comenzara la película. Clara se puso a trastear su móvil mientras Ian e Inma, aunque vergonzosamente, comenzaban a tontear un poco. Cómo dos niños pequeños. La una fingía enfadarse por nada, el otro le respondía con cualquier frase tonta, ella le tiraba una palomita, él le respondía con un ''Te vas a enterar''...Lo típico.
Era una película preciosa. A Clara le estaba gustando mucho por lo pronto. Los otros dos no se estaban enterando de mucho, ya que más que mirar a la película se dedicaron a mirarse el uno al otro de reojo prácticamente todo el tiempo.
De repente, cuando menos se lo esperaba, Clara comenzó a sentir pequeños objetos golpeándola en la cabeza, y otros sobrevolando su asiento hasta aterrizar en el asiento anterior al suyo. Se giro indiscretamente, pero, debido a la baja intensidad de luz que había en la sala no descubrió al lanzador de esas palomitas de colores.
Clara no le dio más importancia, total, seria cualquier niño pequeño que se había metido con sus padres a ver una película que ni le iba ni le venía. Se aburriría el pobre.